El mundo, desde el punto de vista del medioambiente, pasa por un mal momento. Este año la situación parece haber llegado a un punto límite y nos vimos invadidos por una pandemia que cambió nuestra forma de vida. Que haya gente comprometida con el cuidado del medioambiente en un contexto tan complejo resulta fundamental. Ese es el caso de la organización Nave Terra, que se encarga de reciclar todo lo relacionado con la tecnología para darle un nuevo uso y para que no contamine el planeta.
“Somos un grupo de personas organizadas que reciclamos chatarra electrónica y tenemos como principal objetivo que ninguno de los componentes de los artefactos que desarmamos vuelva a la tierra”, dice Sebastián Ogayar, líder de Nave Tierra.
Este grupo de jóvenes quiere demostrar al resto que ese mito de “basura cero” es posible, e incluso que puede hacerse con muy pocos recursos y marcados fines sociales. Para eso, lo que hacen es aplicar métodos no contaminantes a través de los cuales les den un nuevo uso a los materiales recolectados y que la tierra se limpie de estos insumos.
“La mayoría de la gente que hace reciclados de chatarra electrónica a nivel mundial se dedica a recuperar metales, como oro, plata o bronce, y otros que vienen de las placas. Para eso usan ácidos que contaminan el medio ambiente, por su fusión y el daño que producen en los componentes electrónicos. A lo que queda, después de que recuperan los metales de forma líquida, compactan la parte sólida y la meten en algún lado”, explica Ogayar.
En el caso de Nave Tierra el destino de los materiales es distinto. Lo que hacen es, en primer lugar, separar todos los componentes que sirven. Para eso, alguien se encarga de desoldar estos materiales. “Es un proceso lento, pero que va a ser parte de un negocio a futuro”, detalla. Luego de desoldar todo lo que sirve, utilizan lo que quedó, ¿cómo? Lo colocan dentro de una trituradora de plástico, dejando al material en un chip compacto de menos de un centímetro que colocan dentro de una botella. “Así hacemos ecoladrillos y con eso hacemos casas”, agrega.
“No vendemos los ecoladrillos, no es un negocio. Yo soy escritor y la mayoría de las cosas que hago son con un fin social, para dar el ejemplo y mostrar que se puede”, asegura el líder de Nave Tierra, que también es músico.
Balanza imaginaria
La idea nació, según cuenta Sebastián, de un libro que él mismo escribió (“Sistema avestruz”, qué es y cómo salir de él), en el que coloca en una balanza imaginaria la conciencia y la coherencia.
“El libro habla sobre cómo el capitalismo es el responsable de las grandes crisis que afrontamos los humanos y muestra la oportunidad para no depender de él, y esa chance se llama autosustentabilidad, es decir que no depender de otro”, explica.
Una vez destacada la importancia que tiene la autosustentabilidad, queda ver qué se hace con todo lo recolectado. En este punto, Sebastián cuenta que cada cosa tiene un camino: “el plástico va a un lugar, si es que no se puede vender se hace ecoladrillos; el metal va a otro lugar para que sea reciclable y vuelva a funcionar; los componentes electrónicos los separamos y catalogamos para tener un stock y venderlos como repuestos usados, y así con todo; con el vidrio lo mismo, va a donde lo compren y así no hay procesos contaminantes”. Aclara, sin embargo, que no reciben pilas porque la Municipalidad aún no tiene un protocolo para la administración de pilas.
Actualmente son cinco las personas vinculadas al proyecto Nave Tierra, además de un voluntario, y están trabajando por conseguir la entidad jurídica de asociación civil, algo que esperan lograr antes de fin de año.
Además de trabajar en el reciclado de chatarra, Nave Tierra funciona como Ecopunto, es decir que reciben el material para reciclar, y otorgan a los vecinos carreros que pasen por el lugar. “Antes de la pandemia también dábamos talleres gratis de huerta y alimentación con el grupo DarXDar. En el lugar se dan clases de arte y funciona el merendero Los Pibes”.
El merendero, incluso, es una de las actividades más importantes que realizan los miembros del proyecto. Antes de la pandemia se encargaban de dar la merienda a 78 jóvenes cada martes y jueves, luego, por las restricciones a la circulación, comenzaron a entregar bolsas con alimentos y ropa.
Colaboraciones
Todos aquellos que quieran colaborar pueden hacerlo acercándose hasta la calle Laprida al 2.799 (una cuadra hacia el norte pasando la avenida Francisco de Aguirre, última casa a mano derecha con una puerta color negro). “Cualquier cosa para ayudar nos viene bien. Para el merendero necesitamos alimentos, útiles escolares, juguetes y ropa para pibes de 0 a 17 años. Para Nave Tierra pueden acercar toda la chatarra electrónica en buen estado, descompuestos o que no sirvan”, dijo Ogayar. (Producción periodística: Homero Terán Nougués)